CULTURA | Agosto 2008
Jóvenes dejan las maras y construyen un mejor futuro
En el Día Internacional de la lucha contra el abuso y el tráfico ilícito de drogas en Guatemala, la Asociación Grupo Ceiba rescata jóvenes en riesgo social y los capacita desde sus propios intereses. Así logran romper su círculo de violencia y exclusión social.
CEPAL
Agosto 19, 2008 06:22 am
Ciudad de Guatemala—Se calcula que el 88% de la cocaína que ingresa a los Estados Unidos pasa por América Central y el 40% de la que ingresa a Europa llega por el Caribe, a lo largo del corredor de América Central, según un informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE). No hay duda de que la participación cada vez mayor de grupos delictivos nacionales e internacionales en el narcotráfico socava el Estado de derecho en la región.
En El Salvador, Guatemala y Honduras esa situación se ve exacerbada por las pandillas juveniles o maras, que a menudo controlan la venta callejera de clorhidrato de cocaína y crack. La organización guatemalteca Asociación Grupo Ceiba, a través del programa "Prevención del Fenómeno Droga y Mara en Áreas Marginales Urbano y Rurales", ha permitido reducir el daño ocasionado por la exclusión socioeconómica en la niñez y la juventud de áreas marginales de ese país y la región adyacente.
El programa, que obtuvo el tercer lugar en el ciclo 2004-2005 del concurso "Experiencias en innovación social" ejecutado por la Comisión Económica para América Latina y El Caribe, CEPAL, con el apoyo de Fundación Kellogg, ofrece una propuesta integral desarrollada dentro de los mismos espacios comunitarios, en áreas consideradas de alto riesgo, violentas e inestables. Trabajan con las personas de la propia comunidad, con jóvenes que han sufrido el flagelo del desplazamiento, la vinculación con las maras y la exclusión social.
El Grupo Ceiba llenó un vacío en las áreas marginadas de la Ciudad de Guatemala. La desintegración familiar, un fenómeno muy común en las franjas periféricas, deja a los jóvenes expuestos a una desesperación profunda y los hace presas fáciles de las maras. Estos grupos generan un sentimiento de pertenencia y protección, pero también se convierten en un camino que les lleva al tráfico y consumo de drogas, al abandono de la escuela, e incluso a la muerte.
Esta es la realidad que el Grupo Ceiba busca cambiar a través de programas que incluyen Acompañamiento en la Calle, Universidad de la Calle, Educación Formal y Alternativa, y Empresa Educativa. Estas "propuestas educativas son muy interesantes, muy humanistas, y sobre todo centradas en el alumno y sus particularidades, les permite insertarse de mejor forma según sus habilidades", explica Marco Castillo, director ejecutivo de Grupo Ceiba.
El testimonio de un joven del Grupo Ceiba
Ceiba es una casa de puertas abiertas que brinda un lugar donde dormir, comida y una educación alternativa a quien lo necesite sin exigir nada a cambio. Así, se convierte en una verdadera familia, que logra reemplazar a las maras ofreciendo el apoyo que les hace falta a los jóvenes para lograr un futuro más promisorio.
Así lo vivió Cristián, un joven que se formó en Ceiba: "Nunca conocí a mi padre, mi madre migró a los Estados Unidos en busca de mejores oportunidades, y me cuidaron mis abuelos. Vivía en la calle. Dejé de estudiar y tenía malas juntas. En la calle aprendí cosas malas. Encontré refugio en la pandilla. Íbamos al mercado a robar para comer. Fue una supervivencia que duró varios años".
Muchos jóvenes, como Cristián, encuentran en Ceiba la posibilidad de estudiar y especializarse en áreas como informática, capacitación empresarial o técnica, a través del programa de Empresa Educativa. Esto les permite integrarse a la comunidad como adultos responsables, ganarse la vida y salir adelante, además de darles un sentimiento de autovaloración y orgullo.
"A los 13 años no estudiaba, iba a Ceiba porque era un centro de puertas abiertas. Me invitaban a hacer cosas. Entraba al laboratorio de informática y aprendí. Llegaba todos los días y estaba todo el día. Me especialicé y comencé a enseñar por casi dos años. Luego dejé de asistir. Ceiba fue creciendo, y yo ya estaba en la adolescencia, tenía 16 años. Me preguntaba, ¿qué voy a hacer por mi persona? Empecé a buscar y volví a Ceiba. Cursé diseño de páginas Web, explica. A sus 23 años, Cristián trabaja como webmaster en las oficinas de una agencia de cooperación internacional en Ciudad de Guatemala.
