Carlos Loarca

CARLOS LOARCA

La danza del cadejo

Einstein. Acrílico sobre tela, 44” x 44”. 2002.

Las imágenes solas. Acrílico sobre tela, 78” x 96”

La danza del cadejo. Acrílico sobre tela, 60” x 48”

The Devilish Dogs. Acrílico sobre tela, 84” x 60”

El cadejo elegante. Acrílico sobre tela, 59” x 53”. 2002.

La danza del cadejo. Acrílico sobre tela, 60” x 48”

Cadejos. Acrílico sobre tela, 60” x 48”


Introducción de Romeo G. Osorio

Nacido en Quetzaltenango, Guatemala, en 1937, Carlos Loarca se radica en San Francisco en 1956, donde se dedica del todo a la pintura en el histórico distrito de la Misión. Ligado en sus principios a la Galería de la Raza, Loarca fue director de la Galería del Centro Cultural de la Misión, y hasta recientemente dirigió la  galería SOMARTS de San Francisco.

Desde sus inicios, Loarca se concentra en una rendición técnica expresionista de acrílicos sobre lonas, de las cuales la aplicación suelta de brocha sobada es el aspecto técnico más consistente en la factura de su obra. Loarca cuenta con un amplio portafolio de trabajos en papel plástico y madera, pero preferencialmente sobre textil. Lonas tensadas y sueltas, cuyas superficies aparecen en ocasiones cosidas o distorsionadas tridimensionalmente; ésto, y la aplicación suelta del acrílico le permiten trabajar en dimensiones que van desde los modesto a lo monumental, hasta alcanzar una rendición de colores un tanto caótica que bordea en la abstracción.

Y en este contexto efusivo de colores Loarca evoca aspectos figurativos que, en términos temáticos, desembocan en la figura del nahual, el animal protector, el alterego en la cultura indígena precolombina, que en su caso lo constituye el perro. Podemos imaginarnos a un Loarca postrado ante un trasfondo difuso y un tanto caótico de abstracción total, que evoca en las márgenes de la percepción imágenes subconscientes persistentes y repetitivas, cuyo origen lo remontan a una infancia de fuerte influencia cultural amerindia.

Entrados los años ochenta, su temática oscila entre la silueta humana y el perro, y desemboca definitivamente en sus series del Cadejo (perro mitológico), en las que persiste hasta el momento. En años recientes, su obra goza de amplia difusión a nivel de museos y fue invitado especial de la más reciente Bienal de Pintura en Florencia.

 


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