LITERATURA  |  Marzo 2010

EL ANGEL DE LA GUARDIA

Caravaggio, El flagelo de Cristo

Ante tal escándalo, el pueblo todo de El Ocote se sintió burlado de su fe y necesidá. Y así, vestidos de pastorela, se jueron todos a pura pata hasta el pueblo grande a poner la queja a la Guardia. En el puesto de la Benemérita estaban los cuatro agentes, el cabo y el sargento...

Un CUENTO de Luis Echegoyén

¡Qui’ubo, cherada!

Fíjese que no le habiya escrito, porque me metieron preso otra vez y ayí nuabiya tinta, ni menos papel... ¡Viéra, oye!... el papel, si se conseguiya, no lo usábamos para cartas, sino que parotra cosa, porque fìjese que aquí en el tambo, como si juera maldición, se harta uno menos, pero se obra el doble... y si’uno no se harta del todo, ¡se obra el triple! Asiésqueso de usar el papel par’escribir aquí en la de choto, es más que pecado, porque enqueseya en pedacitos los va ucupando uno pa’ligiene de la salú y dispués, cuando siacaba, se va uno pedaceando los trapos que trái, hasta qui’uno se queda en las puras garras, como que fuera Tarzán.

Por eso es que el papel y los chirajos valen más que el pisto aquiadentro y uno los esconde como puede.  Aquí la buena cherada se demuestra pasándole enqueseya una tirita de papel o de trapito a un camarada... ¡Si viera cómo se lo agradecen!  S’óólo con una projunda mirada triste de reconocimiento involuntario que les llega de la ispiración de su alma sola y atormentada por todos sus pensamientos carcelarios!

¡Jum... eso de comer poquito y descomer a lo grande son inventos désos cuiliones gringos que vinieron a entrenar a los cuilios de aquí adispués que disolvieron la benemérita, la diacienda y la policiya nacional y zamparon también en la misma olla a un cachimbo`e guerrilleros bien tramados que veniyan de las montañas de Honduras... ¡Imagínense cherada, los ratones los gatos y los chuchos, revolvidos en el mismo costal a cargo de la justicia del país!... ¡Pero de qué me quejo... si injusticia siempre ha habido!...y si no, mire lo que pasó en mi pueblo, hace muchos años...

Las llamitas de la fe

Fíjese que allá’en mi pueblo El Ocote, apesar de que nuay luz eléctrica, su gente es "bien alumbrada"... Mire, viera como esperan con grandes ansias la llegada de diciembre para salir en las pastorelas... Si hasta se peleyan por ver quien va a dentrar en ellas y quien no.  Entonces, cada año, para que no haigan  esos relajos, el Cofrade Mayor les va agregando pastores, soldados romanos, o cinturiones, (así les dicen porquiandan todos yenos de correyas de cuero) y otro montón de majes que van vestidos de abejas que caminan en cuatro patas, porque las van pastoriando.

Fíjense qui’un año hasta queriyan poner seis reyes magos, inventando que los otros tres yegaron tarde porque se habiyan perdido en el mar océano del oriente más lejano que Jocoro. Y es que toda la galguitud por salir en lo que seya, nués tanto por los tamales, ni el pan dulce, ni por café ni por el chaparro que les dan en cada casa que visitan, sino por las candelas quiocupan para hacer la projesión que va de casa en casa, alumbrando las calles del pueblito, con sus llamitas de fe... Y viera que son bien tramados, porque las candelas nuevas sólo las yevan los que van enfrente de toda la mara... los demás, sólo yevan un cabito y así se van cambiando de línea, hasta que todos tienen un cachimbo’e candelas nuevas que se esconden entre los mantos y las desarmaduras de los tales cinturiones, los que ya a riata, agarran de verdà su papel de guardias y andan empujando juerte a la gente, que se cayen con porrazo... pero ya para la madrugada cuando casi todos están bien bolos de tanto chaparro y chicha de tanatillo, la gente se caye sola de la gran juma qui’anda, pior cuando los zamaqueyan otros que ni han salido en la pastorela, y eso luacen para que les caygan las candelas y guebiárselas...¡Mire!...

Y así, en esta zamotana, desde el primero de diciembre hasta el siete de enero, ¡todos los santos diyas!  Otros más alumbrados, que son los mañosos, venden las candelas nuevas cuando hay plaza’e mercado.  ¡Púchica, si yo a veces digo que un diya déstos, este pueblo El Ocote, se vá aderretir de tanta esperma de candela, porque se siente el tufo a iglesia yena, dende cinco cuadras antes de dentrar al pueblo!

Como este pueblo es tan pobre, la gente no va a la iglesia, solo por no dar limosna, porque no tiene pisto... Pero fíjese que la fe es tan grande, que hasta los hombres, cuando van, se tapan la cara con algún paño viejo, para que no los arriconozcan y adispués anden diciendo quién dió y quien no dió... por eso es que don Mateyo, el sacristán, un viejito bien viejo, cuida el santo templo y lo va a limpiar cada semana...siesque don Mateyo es un mártir, ya que por ser él mismo el Cofrade Mayor, es el que viene ensayando las pastorelas, "dende que el mundo es mundo".  Y ésta iglesia no tiene cura fijo, porque no tiene limosnas.  Cada mes, cuando hay misa, yega uno nuevo... ve el panorama y ya no regresa...Y es que cuando dentran al pueblo, se enganchan y dicen, "Uy, que gente más piadosa, como guele a cera derretida... asaber cuántos altares habrá". ¡Pero adispués de la misa, a l`ora de pasar el cuchumbo, ven que la realidá rial es otra, ya que ni en el templo hay candelas, ni en el cuchumbo limosnas!...¡y ya no regresan!

Por eso es que la jente de El Ocote ucupa las pastorelas como un acto relijioso de arrefexión ispiritual que los acerque enqueseya una vez al año, a la inmensidá de los cielos. Otros pueblos y cantones vecinos se burlan de lojotros, diciendo que El Ocote "no tiene cura"... ¡Seguro que no tenemos cura... pero diotra cosa!

...Y aquí les pongo dos ejemplos... Miren, hacen muchos años, una de las cipotas más chulas del pueblo, qu’es una chelita que se trajo su mama, la niña Lola, bien tiernita, como un ricuerdo de cuando se jué a servir a la capital, pues esta bichita, que se yama Blanca, ya a los 16 años y criada en estas tierras, como teniya la carita bien linda como diartista, désas que cantan y se chuloneyan todas y como se manejaba un cuerpecito bien desarroyadito y sobre todo un cabeyo así, largo, como achelado, como de maíz, jué nombrada por don Mateyo para que eya hiciera de Ángel Mayor en la pastorela dèse año... Y la nana, la niña Lola, como haciya de Pastora Mayor, no se le despegaba, como no se despegaba de la botella de chaparro, ende que regresó de la capital toda tristosa y arrastrando a la Blanquita...¡pero el diablo es el diablo y le incuentra salida a todo... y todo lo enrrieda también!

Habiya uno que le habiya echado el ojo a la chelita y se habiya jurado entre ceja y ceja, "¡A esta mazorquita tierna la desgrano yo!"...Este pícaro de siete suelas era Gumero el chichero, el que les vendiya el chaparro a los que teniyan pastorelas en sus casas y que por eso ya se lo habiyan yevado preso varias veces, los diacienda y hasta los de la guardia de San Juan Tepezontes, con todo y sus chilindrujos qui`ucupaba pa`la estilación, pero al salir, volviya a lo mismo.

Esta vez consiguió que don Mateyo le diera el papel del Diablo, en la pastorela...y así jué... ái iban, de casa en casa y el diablo del Gumero le dijo a la nana de la Blanquita que se echara un traguito para el friyo... diuno que nuera del corriente que él vendiya, sino diuno bien refinado que él traíba escondido en uno de los cachos y que luaciya de vez en cuando, sólo cuando se sabiya quiba a yegar cura al pueblo. Porque el último que estuvo, como le gustaban los triquis, le jué a bendecir todas las ollas hasta el jondo de la quebrada onde teniya el alambique y dende entonces, no lo habiyan apresado los de la chichera.

La niña Lola, al prencipio se opuso a acectarle un trago al diablo del Gumero, pero pudo mas el yelo de la madrugada y la ganita que nunca le faltaba y al fìn se convenciò  quiuna lijita no liba a ser daño, pero que liba cortar el friyo.

Y así, de casa en casa, la Pastora Mayor siempre andaba buscando al Diablo para que diera más del bendito refinado.

Caravaggio, Cristo apresado por los romanos

 

 

 

Los cachos del Diablo

Cuando la niña Lola buscó al Gumero, este no apareciya por ningún lado...¡ni su hija! ¡Pero ya enguelta en los vapores atontadores del chaparro, en realidá, l'importaba más encontrar al chichero con su lijita, que a l'ijita de ella! Y no jué sino que como a las cuatro'e la madrugada, cuando hicieron la última cantada, bailada y rezada, que todos los feligreses se dieron cuenta de la desaparición del Diablo y del Angel Mayor...y más, cuando un cipote yegó corriendo bien asustado y gritando a todo lo quedaba... "¡Vengan...vengan, quiallá por el chilamatal del riyo el Diablo tiene bien despatarrado al Angel Mayor y bieran todas las picardiyas que le está haciendo con un gran cacho!!.. ¡¡Vengan...vengan!!"... y al riyo corrieron todos y en la carrera que yebaban, se les cayeron todas las candelas. Y es que a veces, la curiosidá puede más que la necesidá.

Y en el riyo los encontraron... gueno la hayaron sólo a ella, tirada en la grama, toda desmechada y con las alas todas desplumadas y el aro di’ángel que yebaba en la cabeza, lo teniya enganchado en el galiyo... pero lo pior de todo jué que estaba enseñando todas sus verguenzas, porque estaba como que le habiya dado vágido, asina, como dormida, pero con los ojos abiertos y con una sonrisa istupida en su cara del rostro.

Del diablo del Gumero, sólo encontraron la capa, la cola y uno de los cachos. La niña Lola siagachó y agarr el cacho y dijo; "¡Vè que diablo màs irfeliz, se yevò el cacho del refinado!" y lo tirò lejos.

Ante tal escándalo, el pueblo todo de El Ocote se sintió burlado de su fe y necesidá. Y así, vestidos de pastorela, se jueron todos a pura pata hasta el pueblo grande, a poner la queja a la guardia. En el puesto de la Benemérita, estaban los cuatro agentes, el cabo y el sargento, éste tomó la declaración después de haber tomado el canutero y inmediatamente dispués de haber hecho un montón de círculos y letras invisibles en el papel, como pa’coger invión, escribió con trazos bonitos y firmes, así pues, "con letra’e guardia", la declaración.

"A los quince días del presente mes de diciembre del año  mil novecientos sesentidós, ante mí, Sargento Patrocinio Chávez, encargado, jefe y responsable del puesto de avanzada rural de la siempre Benemérita Guardia Nacional de la República de El Salvador en la América Central, puesto que se localiza en la ciudad de San Juan de los Tomates, departamento de La Paz, de la misma y susodicha república, ante mí, repito, se presentaron varios honorables residentes del pueblito El Ocote, vecino de esta jurisdicción. Para mayores señas, anoto que El Ocote es más conocido por estos rumbos, como Las Candelas, (que para alumbrar, es lo mismo).. Dicho pueblo está a tres leguas de aquí. Los susodichos ciudadanos declaran, que mientras cantaban las pastorelas en dicha población, el individuo, Gumaro "El Chichero",(porque se desconoce el apelativo del interfecto), violó a mansalva y contra su voluntad, a una menor de 16 años, aquí presente, de la cual, todos los vecinos se negaron a proporcionar su susodicho nombre, por haber sido, como expresaron, de mucha vergüenza para su comunidad, en su mayoría indígena, menos la susodicha víctima, que se ve de aspecto ladina, ya que es bien blanca, bien proporcionada y de facciones agradables y quien en vez de estar triste, apesadumbrada y adolorida por lo que le sucedió, muestra en su rostro una gran placidez.

 

Instruimos pues, a los acongojados vecinos, que se regresaran tranquilos a su pueblo y que atendieran despuès a la vìctima en todo lo que fuera posible, ya que todas las seis parejas de guardias de èsta jurisdicciòn, buscarìamos intensamente al culpable, en todas las covachas de la montaña y en las barrancas de la sierra, hasta dar con el interfecto y capturarlo vivo o muerto, para que pague con sus huesos en la càrcel, èsta terrible afrenta a la sociedad. Dicho y hecho, los vecinos de Las Candelas, firmaron todos dicha acta y se fueron esperanzados en que el brazo largo de la ley, darà con el culpable, como sin duda ocurrirà, porque no hay Diablo que pueda con la Guardia”.

 

Al firmar la acta, los que no podiyan escrebir, pusieron una cruz y otros pusieron hasta tres, para sentirse màs importantes.

 

Pero la cosa en rialidá no jue asina... porque lo que sí pasó, jue que dispués que todos se jueron, solo se quedó la niña Lola... y la Blanquita.

 

A la vieja, el zorro del sargento, veterano de tanta chicherìa, le sintió la gran resaca del refinado y se dijo: "¡Vaya...a una la han violado y a la otra la han embolado!"... y yevándose a la vieja a un cuartito que hacía las veces de comedor y de salita, con el tin tin de que la mañana ya habiya yegado y para que mezclada con los nervios de la ocasión, no le juera a entrar una goma bárbara, d'esas de garabatiyo, la convenció que se atravesra dos soberbios tamalguaishtazos y le dijo que se quedara ahí, que ya iba a regresar él, porque iba a eisaminar el cuerpo del delito.

 

¡Y vaya que si lo eisaminó!... La cipota, que estaba como lela, casi ni sintió cuando le quitaron el camisón arrugado y yeno de hojarascas, ni las alas, ni nada...el sargento la dejó chuloncita, como cuando la niña Lola la trajo de la capital, nada más que agora estaba más desarrolladita, un poco eisageradita, tal vez.

 

El pícaro del sargento le dijo a su tropa que se juera al patio y que ya los iría llamando, en órden, dependiendo de su rango... o seya, de segundo el cabo y dispués los agentes, asigún los años que tuvieran de alta.

 

Como a la una de la tarde, los vecinos que se habiyan quedado a la entrada del pueblo, vieron llegar a las dos mujeres... una bien de goma, toda mocosa, con los ojos todos colorados y la otra, toda arrugada, con el camisón al revés, arrastrando el aro que debiera de tener puesto en la cabeza.

 

Ante las indagaciones de los vecinos, la niña Lola les dijo que el sargento Chávez les habiya dicho que para hacer la cactura mas rápido habiyan tenido que eisaminar varias veces y bien bien, el cuerpo del delito.

 

La gente, con respeto a la pena y al dolor ajenos, comprendió la gran injusticia impuesta por la justicia... y en silencio cadicual se jué para su casa.

Cabal, a los nueve meses, la Blanquita, a la que le cambiaron el nombre por el de Toyita, dende cuando el aicidente y ya les guá decir porqué. Pues ésta tuvo un cipotiyo igualito a ella, bien bonito... pareciya un angelito, nada más que morenito...Y discurriendo que habiyan sido más los guardias que el diablo sólo los que se la atoyaron, despusieron bautizarlo como Angel...Angel de la Guardia y a su mama, la atoyada, "Toyita".

¡Por eso es que dicen que la Guardia puede más quel mismo diablo!

Miren cherada, ya se miso oscuro y no quiero seguir gastando más candelas...

¡Como no sé cuando guá salir, diúna vez les deseyo a todos una buena navidá, pero sin pastorelas!... Pero eso sí... ¡CON MUCHO CHAPARRO!

Su chero, Gumaro. 

 

 

 

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Luis Echegoyén, actor, escritor y reconocido periodista y rostro familiar
de la televisión hispana del Norte de California, Director creativo y productor de
numerosas campañas hispanas de publicidad y relaciones públicas en California.
Ha sido distinguido con numerosos reconocimientos por su excelencia profesional,
entre ellos un EMMY Especial por sus logros profesionales.