OPINION  |  Jul 2010

Resultados positivos en la cancha

Es cierto. Lo confieso. Como todo verdadero fanático latinoamericano que soy, durante las últimas cuatro semanas he estado paralizado bajo el hechizo futbolero de la Copa Mundial en Sudáfrica. Así es. Lo mismo que mis amigos y colegas, familiares y vecinos, parientes lejanos y hasta extraños que encontré por la calle luego de algún partido recién concluido.

De pronto teníamos algo en común que discutir o estar de acuerdo: que la tenacidad de Paraguay o el histrionismo de Maradona a la orilla de la cancha; que admirar la garra de los pupilos charrúas del profe Tabárez o irritarse ante la necia reserva del vasco Aguirre a la hora de dar su alineación; de discutir el deslucido juego de contención de Dunga en detrimento del 'jogo bonito' de los brasileros, o la trágica ópera de Italia comparada con la comedia francesa y sus jugadores rebeldes.

 

Si bien con Uruguay murieron nuestras esperanzas de plantarnos en una final entre continentes cuando la naranja mecánica de Holanda aplastó nuestras ilusiones latinoamericanas, el mensaje de fondo que deja el mundial es el mismo con el que empezamos este año: El Optimismo. Con un aditivo extra: nuestro férreo deseo de mostrarnos ante el mundo por esfuerzos y talentos propios.

 

Es cierto que tuvimos una final y un nuevo campeón europeos, pero estaríamos de acuerdo en que el dominio futbolístico latinoamericano en la cancha fue manifiesto en todos y cada uno de los partidos de los nuestros. Ninguno de nuestros cotejos fue de mero trámite; cada uno fue una batalla de igual a igual hasta el final. Ahí no existían ni pequeños ni grandes; una vez en la cancha el triunfo era del mejor y más preparado.

 

En estos días de tragedias colectivas y hecatombes ecológicas y financieras, resulta refrescante desentendernos de la grotesca realidad y hacer un espacio para las pasiones humanas por muy frívolas que parezcan. El fútbol es una de ellas, la más vibrante de todas, el deporte rey acompañado de sus séquitos de admiradores y protagonistas estelares, plantado en un espacio más allá de la política, el sexo y la religión. El fútbol es también un espejo.

 

Sí, nuestro fútbol latinoamericano es un retrato fidedigno de lo que somos: A veces nos muestra las posibilidades de remontarnos a grandes alturas en la historia o bien expone nuestras limitaciones y debilidades ante la adversidad. Por sobre todo nos muestra con claridad el camino que hemos recorrido como naciones en las últimas cinco décadas. No somos una raza, sino la fusión de todas; no somos una sola cultura: somos la suma de todas.

 

En realidad somos una sola nación unida en la grandeza y en las vicisitudes. Cuando perdió México, muchos nos pusimos la casaca de Brasil y otros la de Argentina; en otros momentos fuimos Paraguay y Honduras, fuimos también Chile ante Brasil. Fuimos uno solo con Uruguay. Y una cosa quedó clara: estuvimos unidos hasta el final.

He ahí el resultado positivo en la cancha del que hablamos en LATINOVISION este mes. Nuestra cultura y nuestros héroes y protagonistas, el entusiasmo que esperamos se desborde en la realidad del día a día que nos espera el próximo lunes. Creo que sería bueno tomar nota de los réditos que nos deja el Mundial de fútbol en esta copa: Somos los protagonistas de nuestra propia historia, y somos grandes.



Armando Molina

Editor Ejecutivo, LATINOVISIÓN