OPINION | Agosto 2010
América, nación latinoamericana ¿unida?
Agosto 6, 2010 08:56 am
Una de las debilidades más obvias de nosotros los latinos es nuestra crónica condición de desunión; lamentable circunstancia que nos mantiene alejados de las ilimitadas oportunidades que se presentan en el camino de la vida, y que algunos inescrupulosos políticos, de esos que pululan por todos lados, saben aprovechar y explotar taimadamente. Como ejemplos, ahí están los casos de la infame ley de Arizona y el vergonzoso fraude en Bell, California, que recién conocimos. Al fin y al cabo así separados y fragmentados por aversiones a gentilicios y nacionalidades, somos más “manejables”, es como piensan algunos.
Pero no hablo solamente de nuestra infeliz desunión en los Estados Unidos; podemos ver también que el panorama social de México hasta la Argentina no pinta lo contrario, y como suele ocurrir, la fría realidad nos vuelve a confirmar esa condición de desunión y antagonismo que permea nuestras sociedades latinoamericanas.
Colombia y Venezuela son los protagonistas del momento, con las constantes amenazas del locuaz líder de turno de este último, que han llegado a convertirse en despliegues bélicos recientemente. Conocemos bien el estado de la sociedad cubana en el mundo, fragmentada en su esencia desde hace cincuenta años, a lo largo de los cuales hemos sido testigos de profundos antagonismos generacionales entre hermanos. Ahí tenemos las lacras de las maras en El Salvador y los cárteles de México, países que se desangran en guerras fraticidas intestinas. Como vemos pues, las perspectivas de que los latinos nos convirtamos en un pueblo unido aquí o allá, son nada atractivas de cara al futuro.
De pronto parece que sólo las calamidades nos obligan a unirnos por momentos de urgencia vital, para luego de olvidados los incidentes, inmediatamente volver a nuestra plácida indiferencia materialista. La infeliz ley 1070 de Arizona es el mejor ejemplo de esas tragedias que, paradójicamente, nos unen por hoy. Terremotos, huracanes, guerras ideológicas y tragedias colectivas... ¿causas de nuestra unidad?
Con esto quiero decir que no deberíamos esperar a que pasen leyes retrógradas como la de Arizona o esperar a destapar ollas podridas de corrupción como el caso de Bell, para unirnos y luchar por nuestra gente y sus derechos.
En el caso de Arizona hoy, nuestra movilización social debería ser aprovechada para presionar a Obama y el Congreso por una reforma migratoria comprensiva, una que por hoy no termina de definirse, mucho menos materializarse. Ya existen propuestas de ley en marcha como la HR4321 del valiente congresista Luis Gutiérrez, de Illinois, que si bien no es perfecta, serviría para empezar la discusión y el debate sobre el espinoso tema. Si no, ¿qué sentido tiene brindar nuestro voto latino a los demócratas que nos ofrecen en retorno una retórica vacía de acciones concretas? El cinismo y el “doble-talk” tienen color de bandera y partido político que defender.
¿Será que no somos punto de agenda para los demócratas, o es falta de valentía no asumir el controvertido tema de la inmigración en un año de elecciones? Este no es el mejor momento político para quejarse pues hay asuntos más apremiantes que resolver, nos dicen los demócratas. De los republicanos nunca esperamos nada bueno. La salud de la economía primero, reivindicaciones sociales después. Entonces, ¿cuándo?
Por hoy, son los políticos republicanos quienes azuzan las llamas de la intolerancia y piden que rueden nuestras cabezas latinas “ilegales” más allá del Río Grande. Surgen más amenazantes las acciones del sheriff Arpaio y los ‘minutemen’ y más racistas y vociferantes se hacen las demandas del partido del Té en contra nuestra. ¿Rabia? ¿Vergüenza? ¿Impotencia? Podemos agregar muchos más arrebatos humanos a esta lista parcial de emociones que nos consumen a los latinos cuando vemos situaciones como las de Arizona, Bell y América Latina.
Pero dejarnos consumir por el hígado y la bilis no son buenas opciones para resolver nuestros problemas. Sólo nuestra fuerza y unidad pueden defendernos de los embates de aquellos que nos desean lo peor y quieren remitirnos a ser ciudadanos de tercera clase en el mundo.
Dejemos de lado prejuicios adquiridos y patrioterismos fáciles. Mi invitación es a unirnos en una sola nación que se llama América.
Armando Molina
Editor Ejecutivo, LATINOVISIÓN