OPINION | Jun 2008
Bernardino Cuéllar: "El modelo de desarrollo no se materializó para El Salvador"
En conversación con LATINOVISION, el economista y ecologista salvadoreño Bernardino Cuéllar se refirió a las oportunidades y vicisitudes que se presentan en la economía de El Salvador. El planteamiento que hace el profesional se enmarca dentro de los procesos y transformaciones económicos de ese país centroamericano en el último cuarto de siglo, y aboga por una economía subordinada a la ecología.
Por Armando Molina
Junio 1, 2008 08:39 am
El planteamiento de este economista es original en su enfoque no tradicional y aporta nuevas perspectivas a la situación presente donde parece que los modelos se estancan: insiste en una descentralizacíon pero de dependencias absolutas, y enfatiza la sustentabilidad como la panacea para el desarrollo. Y advierte que de seguir El Salvador por la ruta presente, condicionada por el FMI, el Banco Mundial y el Banco de Reserva de los Estados Unidos, sin la disciplina democrática y financiera debida, los ejemplos de un desastre económico están a la orden del día en el panorama mundial.
LATINOVISION -Usted es colaborador en los periódicos salvadoreños y trata una diversidad de temas. Como economista, ¿cuál es su visión de la economía de El Salvador?
Bernardino Cuéllar: El tema de la economía es heterogéneo y cambiante; hay tantos enfoques y opiniones, ya sea populares o técnicos, que la confusión termina por echar raíces definitivamente. La economía de El Salvador, además de sus deficiencias bien conocidas, ha seguido un curso deformante que se inició hace un cuarto de siglo más o menos; su vulnerabilidad interna y externa, especialmente por su tamaño y grado de evolución, no le deja margen para un desarrollo...digamos autónomo de sus fuerzas productivas, no autárquico por supuesto.
-Ya concretando, ¿cómo visualiza la problemática económica salvadoreña?
Entre más débil y pequeña sea la economía de un país —como es el caso de El Salvador—, mayor es su dependencia del exterior y su fragilidad interna. La economía salvadoreña depende en gran medida de los Estados Unidos, especialmente en su relación monetaria o sea con la divisa norteamericana y por ende financiera. El modelo de las etapas del desarrollo que se tenía previsto a mediados del siglo pasado no se materializó para El Salvador, por lo tanto los problemas económicos fundamentales del país se han agravado y han adquirido una dimensión desorbitada a inicios del siglo XXI. En las insuficiencias y contradicciones de la economía política de El Salvador se perciben nítidamente las variadas manifestaciones del atraso: pobreza, marginación, desempleo, desequilibrio externo, dependencia, etc.
-Al iniciarse la segunda mitad del siglo XX, el modelo de industrialización por la sustitución de importaciones se presentaba como la vía expedita y factible para desarrollar la economía de El Salvador, para salir del subdesarrollo. ¿Qué ha pasado después de medio siglo?
El modelo fracasó. Estaba bien concebido, sus premisas eran correctas pero se basaron en un razonamiento falso. Déjeme que le explique: no se profundizó la estructura industrial donde estaban cifradas las esperanzas para acceder al desarrollo. Por el contrario, el proceso de industrialización del país, que arrancó allá por los cincuenta, sólo alcanzó con el correr del tiempo la etapa de la manufactura de bienes ligeros de consumo, sin lograr las correspondientes a bienes intermedios y bienes de capital, siendo ésta última (bienes de capital) la que caracteriza a una economía plenamente industrializada, donde la transformación económica hubiera estado asegurada: adiós a la pobreza y al desempleo.
Pero no sucedió así, en parte por la rigidez de la economía mundial y del comercio internacional dominados por los países ricos e industrializados, así como el injusto orden internacional prevaleciente y de la dependencia tecnológica; en el orden interno por la deficiente formación del ahorro nacional lo que repercutió y repercute en la insuficiencia de la inversión de capital fijo y como consecuencia en la formación de capital. La insuficiencia del ahorro interno se vió agravada por las trasferencias financieras hacia el exterior, que en ciertas épocas de convulsión política se convirtieron en fugas de capitales; hay que agregar la falta de experiencia gerencial (management) para producir y exportar a los mercados mundiales, así como la idiosincracia empresarial acostumbrada a los mercados local y regional.
-Pero en El Salvador y quizás en el resto del mundo el paradigma o modelo de las etapas del crecimiento y del desarrollo económico se encuentra todavía vigente. Por ejemplo, los economistas son determinantes y a veces categóricos en sus modelos mientras no sean sustituidos por otros modelos.
Pura jactancia sin duda. La realidad es que la discusión sobre los problemas económicos ha caído a su nivel más bajo en todas partes, agravada por una legión de aficionados que lo único que aportan es confusión y discusiones estériles. Por otra parte, el planteamiento serio —haciendo coro con los gobiernos y con los centros económicos y financieros— reduce toda la problemática económica a la lógica de los mercados y a las variables monetario-financieras. Pero el camino que lleva El Salvador en particular y el mundo en general —desarrollado y subdesarrollado— es hacia la profundización de las crisis y hacia un caos institucionalizado.
-Entonces, ¿qué hacer?
La evolución no se detiene, positiva o negativa, creativa o destructiva, tanto en economía como en todo lo demás; al comenzar el siglo XXI los problemas económicos y de toda índole se encuentran tan entrelazados en una red dinámica de relaciones, que tratar la economía sólo en términos de mercados y de la dimensión monetaria, financiera y fiscal constituye un error colosal. En el caso de El Salvador el desbalance poblacional o sea su exceso, que es soslayado o pasa desapercibido, gravita fuertemente sobre la economía, creando un profundo desequilibrio entre los recursos disponibles y la población respectiva; por ejemplo, no es lo mismo proporcionar alimentos para dos millones de habitantes —el equilibrio demográfico en el caso de El Salvador— que para seis millones, el desequilibrio correspondiente.
Por otra parte, la energía y los recursos naturales son el fundamento de la economía en cualquier parte del mundo y esta situación es catastrófica en El Salvador.
El planteamiento convencional cifra sus esperanzas en la “inserción” exitosa de la economía salvadoreña en los mecanismos de la globalización, entre paréntesis todo el mundo habla de globalización, pero no toma en consideración que los pocos países que lo han logrado, difieren marcadamente en sus condiciones económicas y de otro tipo si se comparan con las correspondientes de El Salvador. Además la globalización y su secuela ya entraron en decadencia en los mercados financieros con las graves consecuencias que ésto acarrea, no obstante los esfuerzos que se hacen para que la actividad bursátil (casino global) retome su operatividad ordenada.
-En conclusión, para la economía de El Salvador desgraciadamente la “suerte está echada”. A juicio suyo: ¿no hay solución o soluciones?
Sí y no. Primero comencemos con el sí. A pesar de la conformación de la economía salvadoreña se puede enfilar hacia otro tipo de sociedad económica; por ejemplo, descentralizándola, en el sentido de usar menos energía, recursos materiales y utilizar tecnologías blandas. Claro que esto difiere del modus operandi económico tradicional: la obsesión por el crecimiento de la producción material. La descentralización también incluye que las comunidades del país se vayan desarrollando en la producción y el autoconsumo, especialmente de bienes alimenticios, con base a los recursos naturales de la bio-región o ecosistema donde se ubican, a fin de lograr la autosuficiencia —no total, por supuesto— en forma paulatina en el marco de la sustentabilidad socio-ecológica. Este es el enfoque descentralizado, diferente al enfoque tradicional con el cual funcionan todos los sistemas económicos: ¡Maximizar el PIB!, ¡Crecer, crecer,...! Los sectores tradicionales podrán seguir su rumbo y tendencia: industria, comercio, servicios, construcción, etc. Pero con el tiempo tendrán que cambiar hacia la sustentabilidad.
En el plano exterior, como no se puede influir, cambiar o contrarrestar el orden (desorden) económico internacional ni la hegemonía financiera mundial de los G-7, hay que adaptar la economía nacional al entorno exterior pero logrando a toda costa la estabilidad demográfica y la recuperación ecológica. Esto traería un gran alivio para maniobrar internacionalmente; por ejemplo, generando divisas a base de exportaciones para cuya vocación el país está adaptado y ahorrando divisas mediante un consumo con sesgo desoccidentalizado. Claro que los vaivenes financieros (crisis) internacionales seguirán afectando y con mayor énfasis a los países pequeños como El Salvador.
Por otra parte y de una vez por todas hay que hacer resurgir el sector agrícola, como el ave Fénix, por diversas razones: es la base de la economía y la fuente alimentaria; además puede revertir la masiva emigración del campo a la ciudad que se ha estado dando en los últimos 20 años, mediante la reactivación productiva del sector agrícola; esto aliviaría la situación caótica en que se encuentra la ciudad de San Salvador y los municipios circunvecinos o sea el Gran San Salvador, el cual se ha convertido en una megalópolis monstruosa e invivible con una aglomeración de quizás dos millones de habitantes.
Estos son a grandes rasgos algunos componentes de una agenda económica no convencional, fuera de lo trillado impuesto desde el exterior y acatado internamente; un programa o plan o como quiera llamársele que rompa con los esquemas standard, obsoletos e irrealistas que se han venido aplicando desde hace más de un cuarto de siglo y que han terminado en verdaderos desastres para la economía del país, mal comprendida y peor dirigida. Claro que este plan deberá contemplar ciertas partes básicas; una solución progresiva y realista al problema del desempleo, no utópica ni demagógica, correlativa al mantenimiento de la producción en el marco de la estabilidad de precios y del equilibrio en la balanza de pagos; asimismo, una distribución y redistribución del ingreso nacional de acuerdo no sólo a la productividad del trabajo, sino a ciertos principios extraeconómicos que pueden ser los garantes de la perdurabilidad del sistema económico.
Esto es lo que se refiere al sí contestando a la pregunta; en cuanto al no, pues es la tendencia que lleva la economía: sin rumbo específico, con soluciones a corto plazo, dependiendo de la coyuntura externa, manteniendo el status quo interno.
La historia nacional la podemos dividir en tres etapas: la primera desde la llamada Conquista hasta el inicio de la República; la segunda desde este inicio hasta el final del siglo XX; y la tercera al iniciarse el siglo XXI, la cual podría ser la etapa de la economía perdurable en el marco del equilibrio bio-físico y del crecimiento moral.